La tarta de chocolate más fácil del mundo

No soy nada de chocolate en general, pero esta es la única tarta que he hecho tres veces en menos de dos meses y que me he acabado de principio a fin yo sola.

Esta tarta es ridículamente fácil de hacer y sabe a chocolate, pero no es nada cargante, ni de las más dulces, y además es fría y lleva galleta y podría decir mil cosas más, aunque es innecesario, porque esta tarta se vende sola, a pesar de tener una pinta regulera.

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TIEMPO DE PREPARACIÓN: Unos veinte minutos.

TIEMPO DE COCINADO: Tiene que refrigerarse unas dos horas largas, aunque está aún mejor si la dejamos una noche entera en la nevera.

VALORACIÓN: 1000/100

INGREDIENTES:

  • Galletas María (la cantidad dependerá del tamaño del molde, yo suelo usar algo más de medio paquete)
  • Mantequilla (igual, la cantidad dependerá de blabla, pero calculad unas cuatro o cinco cucharadas hermosas)
  • 140 gramos de chocolate para postres
  • 1 + 3/4 tazas de nata (casi dos bricks de 200 aprox). OJO, es importante que sea nata con un mínimo de 30% de materia grasa, para poder montarla.
  • 2 cucharadas soperas de azúcar glas

Precalentamos el horno a unos 200 ºC.

Trituramos las galletas (si nuestra batidora tiene un vaso picador como este, es mucho más fácil, si no es así, lo hacemos con mucha maña y paciencia) y, mientras tanto, derretimos la mantequilla en el microondas. Ponemos las galletas trituradísimas en un molde engrasado o uno de silicona maravilloso y vertemos la mantequilla derretida. Con un tenedor, mezclamos hasta obtener una pasta con la que cubriremos el fondo del molde y, si queremos, las paredes. Si veis que la mezcla parece como arena y no hay manera de que se quede como un “cemento”, es que probablemente os hace falta más mantequilla.

Horneamos esto durante unos 15-20 minutos, hasta que se dore y endurezca, y dejamos enfriar en una rejilla.

Mientras tanto, calentamos en un cazo a fuego medio 3/4 taza de nata y el chocolate. Lo mezclamos bien con cuidado de que no se agarre y dejamos reposar.

Ahora viene lo “difícil” de la receta: montar nata. La clave para montar nata es tener ganas, amigas, un blog, paciencia y un amigo/novio/pringado al que meterle semejante perro. Si no es así, con unas varillas y un buen brazo llega (si además tenéis una batidora que tenga las varillas que aparecen en esta foto apoyadas en la encimera, ya lo tenéis hecho).  NOTA IMPORTANTE: cuanto más fría esté la nata y el recipiente (ojalá metálico) donde la vayáis a montar, más fácil es todo el proceso. Pues eso, en un recipiente ponemos 1 taza de nata para montar y hala, a darle con brío hasta que coja consistencia. Le añadimos las dos cucharadas soperas de azúcar glas. Veréis que la nata se va solidificando hasta que podamos hacer “picos” con ella, ese es el punto perfecto. Es importante no pasarnos de este punto, porque corremos el riesgo de seguir dándole y que la nata se convierta en mantequilla + suero.

Añadimos el chocolate líquido a esta nata montada e incorporamos con una cuchara de madera o una espátula. OJO, no se trata de mezclar batiendo como haciendo mayonesa o como Martina Klein en ese estupendo y vomitivo anuncio de leche Ideal, no hay que hacer de bruja con caldero, hay que ir incorporando con cuidado y suavemente, de arriba a abajo, para que la nata montada no pierda el aire y se nos quede una mezcla marrón clara líquida, pero esponjosa. ¡Enhorabuena! Acabáis de hacer mousse de chocolate.

Vertemos esta mezcla en el molde con la base de galleta y dejamos en la nevera un mínimo de dos horas, aunque lo ideal es toda una noche.

Y ya. Esto y un vaso de leche helada = paraíso.

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